La intimitat d’una gran història

Joan Colás – Crónica Directo

Pau Roca (Barcelona, 1982) no para quieto. Más allá de la actuación tiene tres locales de restauración con los que sigue la tradición familiar y una compañía, Sixto Paz, con lo que ha puesto en marcha un proyecto al que ni él mismo es capaz de poner nombre, Salvació Total Imminent Immediata Terrestre i Col·lectiva.

No se trata de un objeto extraño, ni de una obra de teatro experimental para entendidos, subraya. Tiene una trama que todo el mundo puede seguir sin problemas. Luego está la puesta en escena, muy pensada por su autor, Tim Crouch, y adaptada en esta versión que dirige Roca.

Teatro-experiencia

Mejor no describir mucho más. Su director así lo prefiere. El espectador encontrará un libro en su butaca, tendrá que leerlo con los actores que hay en escena y dejarse llevar. Es casi una experiencia.

El intérprete y director se muestra atrapado y encantado con la posibilidad de poner en marcha este proyecto que ya ha pasado por el festival Grec, que este febrero pasa por la Sala Beckett y que tendrá una parada en el museo inmersivo Ideal de Barcelona. Eso no quita que crea que ha de pasar por todos los municipios del territorio. Así lo cuenta para Crónica Directo.

Pregunta: ¿Cómo llegó al texto?

Respuesta: Estaba picoteando en festivales europeos antes de la pandemia para ver qué se cocía y en el festival de Edimburgo vi la propuesta de Tim Crouch sin conocer el texto. No pude ir en agosto. Y en septiembre vi que la estrenaban en la Royal Court y me fui a verla. Como espectador ya me interesó mucho, porque más allá de que te guste más o menos es una propuesta completamente innovadora. Y pensé: esto nos interesa.

¿Cómo lo definiría: teatro, performance…?

Me encantaría que Tim Crouch se inventara un nuevo concepto, porque no he visto nada igual. Hablé con él tras la función, en la que él hacía uno de los personajes, y le preguntaba no sólo como espectador sino porque me apetecía montarla. Para mí, es el último salto mortal en su carrera. Siempre ha innovado mucho y este es un paso más. No te sabría decir, entonces, porque nunca me había leído un libro en una hora con 100 personas a la vez.

Explique un poco la obra, para quién no la conozca. Los espectadores entran a la sala, se encuentran un libro, los actores los invitan a leerlo juntos… ¿y qué sucede?

El espectador entra a la sala y, aparte de una atmósfera que hemos creado nosotros, encuentra un libro en su butaca. En un momento dado, una actriz entra y da unas instrucciones para leer todos juntos y a la vez el libro. Esto se hace a través de una historia de ficción de una familia compuesta por un hombre, una mujer y su hija que vive un cataclismo que desata el conflicto. El problema es que los personajes, por un motivo que no podemos desvelar, están obligados a comunicarse leyendo este libro. No pueden comunicarse sin decir unas palabras que están escritas. Por tanto, como espectador, no ves unas actrices leyendo, ni unos personajes interpretando lo escrito, sino obligados a comunicarse entre ellos a través de la palabra escrito. Y además hay ilustraciones.

¿Eso implica proyecciones?

No. En el libro hay ilustraciones. Hay novela gráfica. Tim Crouch habla mucho de la diferencia entre palabra escrita e ilustración, qué nos llega de forma más directa al ser humano. Por eso, creamos todo un viaje que empezó en el Grec, de la mano de la Beckett, donde ahora continúa, y en mayo iremos al Ideal, el museo inmersivo. Esta será la primera obra de teatro que harán allí. Y ese será el final del viaje de esta propuesta. El espectador allí podrá comprobar qué le interpela más si la palabra escrita o las ilustraciones convertidas en algo más grande y directo.

¿Usted cómo director tiene respuesta?

No. Lo que puedo decir es que la mezcla, cuando la gente lee el texto y llega a la ilustración, le da mucha riqueza. Y cuando vuelven a la palabra escrita les hace seguir mejor la historia.

¿Es casi un acto de fe colectivo?

Total. Tim Crouch habla de mundos paralelos dentro de la ficción, porque puede haber varias que suceden a la vez y has de escoger con cuál te quedas. A su vez también lo es porque se habla de la ficción, del teatro, del engranaje del teatro.

¿Se podría decir entonces que es un montaje para amantes del teatro sólo o hay también una trama?

A ver, la trama interna es una familia que padece un cataclismo que crea un antes y un después. A partir de ahí, el padre se siente iluminado tras estar en coma y crea una secta. La madre trata de huir con su hija de esa secta. No lo consigue y la trama empieza cuando ella vuelve para rescatar a su hija. Pero ni muchos menos es para amantes del teatro, sino para amantes de la cultura, para gente que quiera ver cosas nuevas. Eso sí, a los amantes del teatro les diría que pocas veces estoy tan tranquilo de atreverme a decir que es un proyecto innovador. No gracias a mí, sino al autor. Más allá de que te guste o no, la experiencia es única. Por eso, emplazo a verla. Luego ya juzgarán. Cuando lo vimos en el Grec, nos dimos cuenta de que la gente descubría un nuevo lenguaje. Como los primeros espectadores de cine se asustaban al ver entrar el tren en la estación, aquí hay momentos de ese desconocimiento.

¿Son esas ganas de enriquecer la cultura y el teatro lo que le llevó a dar el salto de la interpretación a la dirección?

Yo como director no necesito hacer cosas innovadoras, sino que me lleguen. En Sixto Paz lo que intentamos es tener variedad, explicar historias que lleguen de forma directa en cualquier ciudad y otra línea que arriesgue más. En esta última hemos contado con el apoyo del Grec y la Beckett y nos hemos metido.

¿Cree que puede tener el mismo recorrido que ‘Las cosas extraordinarias’ o es más difícil?

En un país en el que me gustaría vivir, no creo que sea una obra tan accesible para estar tantos meses en cartel, pero sí que viajara por todo el territorio. Que existiera la voluntad de ver, al menos una vez, este experimento en bibliotecas, escuelas, teatros, en todos sitios.

¿Cree que la función del teatro debe tener ese toque de experimento, de innovar?

Hay muchas maneras de innovar y todas son complicadísimas porque todo está hecho. Lo que a nosotros nos gusta más es experimentar en la relación entre el hecho artístico y el espectador, luego ya verás si hemos innovado o no, sino cómo rompes barreras de modo que el espectador y la obra sean uno o se conviertan en una especie de ente que no se había visto antes. Nos interesa que tengan funcionamientos que nos sorprendan a todos, hagan mejor la obra y enriquezcan la experiencia del espectador.

Hablemos ahora de Sixto Paz. ¿Cómo fue ese salto y por qué? ¿Fue interés personal, voluntad de renovar el teatro…?

Principalmente, por motivación propia, para sacar adelante proyectos personales. Nació hace nueve años cuando teníamos 29-30 años y tras trabajar mucho tiempo queríamos hacer cosas propias. Nos juntamos un grupo que no necesariamente venía del mundo del teatro, lo que me pareció muy interesante porque aporta cosas de otros ámbitos. Y sí que es cierto que faltaban cosas, siempre faltan muchas cosas en el mundo del teatro, pero una que claramente creíamos que faltaba, y hoy ya está más evolucionada, aunque quedan muchas vueltas a darle, era cómo mejorar la relación entre obra y espectador para transmitir el boca-oreja. Cómo convertir en socio al espectador.

Y se consiguió esta reconexión? ¿La pandemia ha ayudado?

No sé. ¿tú crees? Yo no lo veo. Creo que ha habido meses muy malos. De septiembre a noviembre que acostumbran a ser meses buenos han sido muy malos.

¿O sea que el teatro sigue pasando una mala racha?

Yo tengo restaurantes, también. Hay pánico, los gobiernos añaden más del que es necesario, la gente decide quedarse en casa viendo Netflix… Los bares, restaurantes están más vacíos. Cuando estamos al 100% la gente sale más, pero cuando das estos sustos de reducir aforos la gente se lo piensa. No ha habido contagios en los teatros y sigue habiendo sustos con los aforos. Lo importante es que la gente entienda que es ridículo no ir al teatro por miedo, porque no hay contagios. Si no quieres ir al teatro, ok, peor que no sea por la pandemia

Como parte de dos de los sectores más condenados, ¿cree que no se ha gestionado bien?

Ahora es una muy mala gestión. Los seis primeros meses tenía dudas, consideraba que es muy difícil. Ahora, puedo entender que hay que evitar el colapso sanitario, pero no entiendo ciertas medidas.

¿Tan mal ve la actuación que ha tenido que montar su propia compañía para hacer sus proyectos y montar tres negocios de restauración?

Te diría que al revés. ¿Tan bien está que he podido montar tres negocios? No, está claro que somos mucha gente para un pastel tan pequeño. Pero no los abrí por eso. La productora fue por una pulsión muy personal con amigos y lo hemos mantenido porque creemos en ello y nos apasiona. Y los restaurantes porque vengo de familia de hosteleros y tenía este sueño de hacerlo. También los abrí con amigos y resulta que han ido bien, Els Lluritus y La Muriel, donde está Sixto Paz.

¿Un bar con espectáculo?

Es un vivero cultural donde se da oportunidad a gente que igual no tiene la oportunidad en otros sitios, mezclado con un espacio gastronómico. Hay gente ensayando, un recital de poesía, alguien pintando un cuadro.

¿Y la actuación queda apartada en proyectos que no son los propios?

Sixto Paz es una apuesta personal muy fuerte. Cuando empiezas con proyectos tan tuyos, en el fondo ocupas mucho calendario con tus proyectos. Y de repente, te proponen algo y no puedes. No es fácil de vivirlo, porque quieres luchar con ambas cosas, pero no me puedo quejar. Ahora haré de Picasso en una peli. Haré un monólogo con Sixto Paz en el Espai Brossa, El més bonic que podem fer. Y seguiremos en gira. Estoy contento, pero muchas veces la gente no sabe la contrapartida que tiene emprender tus proyectos. A veces, hay gente que por eso no te llaman pensando que estabas con tus proyectos y, en ocasiones, es así y otras no.